FILOSOFÍA PARA RECUPERAR EL SENTIDO

¿Cuándo dejamos de preguntarnos por el sentido de todo? ¿Cuándo perdimos la curiosidad por conocer el mundo en el que vivimos? ¿Cuándo dejamos de admirarnos del hecho radical de estar vivos? ¿Cuándo dejamos de asombrarnos del mágico universo del que formamos parte? Parece que el niño curioso que algún día fuimos se ha ido, parece que la cotidianidad y la rutina lo ha absorbido, los días ya nos parecen monótonos y poco a poco vamos perdiendo el entusiasmo y el conocimiento significativo real de todas las cosas. Ya no prestamos atención real a cada instante que pasa y a lo que realmente importa, no nos fijamos en los actos que realizamos, no pensamos en cómo surge nuestro pensamiento, nuestras ideologías y sistemas de creencias, no pensamos en la acción y decisión que surge de nuestro creer, no pensamos porqué somos como somos y para qué somos, estamos realmente como sonámbulos, en la deriva en búsqueda de sentido, en un naufragio ontológico para dar un significado al ser que somos todos, buscando una razón de ser en un universo caótico.

Milenios de reflexión filosófica sobre la razón de ser de todas las cosas y todavía no hay una respuesta certera sobre para qué existe el todo y por qué existe el universo, excepto en la fe. El mercado de las religiones establece los productos dogmáticos para venderlos con diezmos a los seres humanos dependiendo de su cultura, lenguaje y valores. Se escoge un sistema de creencias predeterminado por la historia y por los cambios sociales de las mismas estructuras del poder sacerdotal, se forman así mitologías, ideologías y religiones simbólicas que han dado un sentido a la existencia de la humanidad. En la necesidad vital de explicarse por qué existe su vida, el ser humano ha creado mega-estructuras simbólicas que se fundamentan en una fe establecida con axiomas y creencias míticas que subordinan el libre pensamiento hacia un sentido y significado impuesto. Sin embargo, el misterio de la razón de ser de todas las cosas, razón de ser de la filosofía, sigue intacto cuando empezamos a maravillarnos de la cantidad de galaxias flotando en el espacio vacío de la materia oscura. Aunque la ciencia trate de explicar desde la lógica y la razón qué es lo que genera esa energía y cómo lo hace, no puede responder el por qué y el para qué existe esta energía que brota de los núcleos de las galaxias, al parecer es infinita y eterna, porque así como expulsa energía, también la absorbe, y así la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma, pues bien decía Heráclito, “lo único eterno es el cambio”.

Ojalá todavía no perdamos ese asombro de existir en este océano infinito de posibilidades que es la vida, ojalá no dejemos de maravillarnos de estar vivos, de cuestionarnos sobre el significado y el sentido de todo, ojalá nunca dejemos a un lado a ese niño interno que todos tenemos, y siempre estar alertas, curiosos, sedientos de conocimiento y sabiduría, amando la sabiduría, amando a nuestros seres queridos, amando lo que hacemos, gozando del regalo de estar vivo, ¿qué otro significado puede haber? Si nos diéramos cuenta que cada día es único e irrepetible, si tomáramos consciencia de que cada día es una posibilidad infinita para crear, ser, jugar, disfrutar, si nos diéramos cuenta que cada día es un aprendizaje significativo y que el verdadero significado y sentido de las cosas está en nosotros mismos, quizá algún día volvamos al silencio, a ser humildes frente a todo, a dejar a un lado la auto-importancia, y volvernos a maravillar de la brisa del viento.

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